Columna de Luis Mesina – 28 de enero 2025
Se hace frecuente en estos tiempos descalificar a quienes manifiestan discrepancias con alguna autoridad o sostienen posiciones críticas frente a una determinada política pública. Suele motejárseles con el rótulo de que “le hacen el juego a la derecha”. Esta descalificación es propia de un sector de la “izquierda”, en especial, de aquella que comienza a girar hacia la derecha y, muy arraigada, en esa que abandonó hace tiempo las ideas de transformación social y terminó abrazando el monetarismo. Esta práctica no es exclusiva de Chile.
Después de los 90, con la caída del muro se incrementó considerablemente. Los renegados comenzaron a multiplicarse. Felipe González en España y luego Tony Blair en el Reino Unido abjuraron de todas sus “ideas socialistas” y pasaron a abrazar aquellas que pocos años antes, los ultraliberales Reagan y Thatcher habían impulsado y materializado a través de políticas radicales que favorecían el interés del capital por sobre el trabajo.
Se iniciaba así una época de profundas transformaciones, ninguna de ellas progresistas, por el contrario, se materializaba a través de una oleada de privatizaciones, incluida la seguridad social; la destrucción de fuerzas productivas y la conculcación de derechos sociales, muchas de ellas patrocinadas por conversos de la “izquierda”.
En esa misma época, en Chile se daba el proceso llamado “renovación socialista”, que no era otra cosa, que desprenderse de aquellos pensamientos que acentuaban la idea de transformación social por aquellas más pragmáticas, “transformaciones en la medida de lo posible”. Esas posiciones no eran inocuas para la población, se traducían en reconocerle al mercado un papel más eficiente para asignar recursos; en defender la propiedad privada en todas sus dimensiones; acabar o reducir al máximo las instituciones públicas, privatizar áreas estratégicas de la economía y, lo determinante, comenzar un proceso sostenido de políticas que atentaban contra los derechos de la ciudadanía y, en particular, con los derechos de los y las trabajadoras.
Ha pasado un tiempo de esas transformaciones que, como se apreciará han consolidado el modelo que originó la metamorfosis de ese importante sector de la izquierda. Ahora, otra “izquierda”, más remozada en apariencia viene por el mismo camino. Por ello que, cuando se le imputa a alguien estar “haciéndole el juego a la derecha” lo que en realidad se persigue, es trasladar la responsabilidad de quien ha cometido una transgresión a quien la crítica, a quien la condena. Es el intento por liberarse de la responsabilidad que le cabe a quien traiciona.
Pero, qué significa en los hechos “hacerle el juego a la derecha”, o mejor dicho ¿quién le hace el juego a la derecha?
Advirtamos, hacerle el juego supone que la derecha, en tanto sector representativo de la clase empresarial –por ende, contraria a la clase trabajadora–, se ve favorecida por quienes le hacen el juego, se presume que ese favorecimiento es en el terreno político y/o económico.
Nótese que, en Chile cada vez y con más frecuencia e intensidad se vienen dando procesos de abandono de los compromisos y promesas de la clase política que redundan en beneficios concretos para la derecha. Eso tiene varios peligros, quizá el más serio, es que se daña la democracia, pues cuando un hombre o mujer de trabajo deposita la confianza en un político o partido, pensando que éste le representará adecuada y fidedignamente, lo que está haciendo es depositar, transferir, delegar la confianza, y cuando esta se transgrede, se abre la desconfianza hacia el político o política, pero también, crece la desafección hacia la POLITICA (yo podría: DEMOCRACIA).
Entonces, vale la pena preguntarse ¿quién le hace el juego a la derecha cuándo se renuncia y capitula a los más mínimos y elementales compromisos programáticos?
Cuando la coalición gobernante, integrada por el Partido Comunista y el Frente Amplio prometían al país en la campaña presidencial refundar Carabineros para recuperarla de las malas prácticas cometidas en DDHH y corrupcioón; reestablecer los derechos de los pueblos originarios, en particular las demandas del pueblo mapuche; acabar con el Crédito con Aval del Estado (CAE); defender la soberanía económica amenazada por los Tratados de Libre Comercio, en especial el TPP-11; propender a un sistema de salud pública y solidaria; acabar con el negocio privado de las pensiones, etc., lo que se hacía, a través de esas promesas, era responder a un cúmulo de demandas sociales absolutamente legítimas y por años demandadas y era, al mismo tiempo, un compromiso que se asumía ante los votantes de que se cumplirian.
Los especialistas en deslindar responsabilidades y atribuir a otros sus propias incompetencias para cumplir con lo prometido, esgrimirán no contar con mayorías en el Congreso y, los más osados dirán que las correlaciones de fuerza no son favorables. Lo primero es efectivo, el Congreso cuenta con una mayoría que es opositora y, lo segundo, las correlaciones de fuerzas no son estáticas, cambian y se activan dependiendo de múltiples factores, uno de ellos, son los roles que cumplen las direcciones políticas y sociales en el contexto de la lucha política. Cuando los partidos de una coalición y sus adherentes desarticulan al movimiento social pretendiendo controlar el conflicto social consiguen que las relaciones de fuerza le sean adversas. Si, por el contrario, los partidos comprometidos con el cambio, respetaran la autonomía de las organizaciones sociales y facilitaran el surgimiento de corrientes críticas en el concierto político, entonces lograrían que las correlaciones les fueran favorables.
Pero veamos, ¿quién le hace el juego a la derecha?
Cuando la derecha en su lógica represiva convirtió, de la mano del Ejecutivo, en permanente el Estado de Excepción Constitucional en la Araucanía, no hizo más que consolidar la militarización de la zona y por ese medio se desconocieron compromisos adquiridos con mucha antelación. Al mismo tiempo, renunciar a la refundación de Carabineros dada la minoría congresal, podría entenderse, sin embargo, no solo se renunció a la refundación, sino que se fortaleció la doctrina represiva de la institución y se soslayaron las responsabilidades en materia de violación a los DD. HH. del director de Carabineros de la época, con ello no solo se transgredió una promesa, sino que se dieron señales inequívocas de continuismo e impunidad. Entonces ¿quién le hizo el juego a la derecha?
Cuando los partidos de una coalición, durante mucho tiempo instalan relatos contrarios al predominio de las transnacionales en la economía y terminan aprobando el TPP-11, quien le hace el juego a la derecha no es quien se opone a esos tratados, sino quien los aprueba.
Cuando por vez primera, después de 42 años, un fallo de otro Poder el Estado abre la posibilidad de poner fin a una industria inmoral como las isapres y la coalición gobernante renuncia a hacer cumplir la ley y, por el contrario, en un plazo record activa todos sus mecanismos para salvar a esa industria que ha hecho de la salud un negocio, pues ¿quién le hace el juego a la derecha?
En estos días como en los mejores tiempos en que la ex Concertación pactaba con los brazos en altos con la derecha, la ministra Jara y el ministro Marcel se abrazaban regocijados por haber alcanzado un acuerdo para incorporar algunos mejoramientos al sistema fracasado de cuentas individuales. Lo que no se dijo, es que ello implicará fortalecer a las AFP y potenciar el mercado financiero con más de seis mil millones de dólares anuales que se le transferirán una vez aprobado este acuerdo. Y lo más trágico, es que las pensiones futuras en el corto plazo no mejoraran, seguiremos desde el Estado subsidiando un sistema fracasado. Se dirá que no había alternativa, porque la derecha no estaba dispuesta a ceder. Falso, había soluciones mucho más prácticas que lograban el mismo, e incluso mejor que la que logra este acuerdo. Uno de ellos era “la ley corta” que proponía la Coordinadora NO+AFP, que era validada por la Fundación Sol y por CENDA, ambas instituciones que viene trabajando el tema por más de dos décadas, pero pudo más el interés de las compañías de seguro, las corredoras de bolsa, los bancos de inversión que la voz de los movimientos sociales. ¿Quién entonces le hizo el juego a la derecha?
En estos días la coalición gobernante ha estrenado una nueva estrategia comunicacional, al señalar que “los mismos que critican, son los mismos que votan por la derecha”, vale decir, ahora la responsabilidad se les endosa a la gente, que por algún motivo no le dan la mayoría a quienes, supuestamente, si la tuvieran harían los cambios, cosa discutible si se recuerda que algunos gobiernos de la Concertación en el pasado la tuvieron y no quisieron hacer reformas estructurales, realizando solo aquellas que descomprimieran la presión social, pero sin tocar el modelo, es lo que ahora se repite,
Como se verá, la historia es larga respecto de quienes le hacen el juego a la derecha. De allí que sea necesario no permitir que aquellos que han capitulado a cumplir con un programa pretendan convertirse en censuradores de quienes alzan voces críticas. El peligro de quienes verdaderamente le hacen el juego a la derecha por su permanente actitud de condescendencia es que lesionan la democracia. Ya pocos creen en ella. Si se promete y no se cumple sne transgrede la confianza y ese escenario solo favorece a los que hablan sin eufemismos, a los populistas que comienzan a crecer en varias latitudes y también en Chile.
Los que le hacen el juego a la derecha son los mismos que legislaron tibiamente para las mayorías y que por cobardía prefirieron entregarse a la derecha abriendo los espacios para los Milei, los Trump y que hacen crecer a los Kaiser.
De qué depende entonces que la extrema derecha no llegue al poder, de crear una alternativa realmente coherente y consecuente que por cierto no es la que actualmente gobierna. Esa es la tarea urgente.



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